He pasado mucho tiempo queriendo a quien no me quiere, deseando lo que no puedo tener y alejando a quienes si me quieren. Mucho tiempo pensando, discutiendo conmigo mismo y evitando hablar cuando tengo que hacerlo. He desperdiciado tiempo haciendo lo que no me gusta y permitiendo situaciones que no me agradan. Pero lo más trágico, es que muchos al leer esto pensarán: "Acostúmbrate, pues todos hacemos cosas que no nos gustan. La vida no es hacer lo que uno quiere. La vida no es fácil..."
Por qué somos tan tontos que no somos capaces de ver la felicidad frente a nosotros. Nos cuesta ver lo bueno de cada día, disfrutar la sonrisa de un desconocido, un cruce de miradas en la calle, un saludo o un simple "gracias". Estamos tan cegados en nuestro deseo de ser felices, que somos incapaces de serlo.
Disfrutemos la vida, el día a día. La lluvia y la oportunidad de reflexionar que nos brinda, o de sentir el calor de una hoguera y el abrazo de un ser querido. El viento que hiela nuestros huesos, nos da la felicidad de entrar a un lugar cálido, darnos cuenta que hay sitios que nunca pensaríamos que serían tan agradables.
Disfrutemos de la música, de pasear entre la multitud escuchando algo que nos agrade, dejando que nuestra mente vuele y soñemos despiertos.
Valoremos cada segundo de nuestra existencia, con nuestros amigos, compañeros de curso, colegas de trabajo, familiares y sobre todo, disfrutemos de las experiencias que vivimos con perfectos desconocidos.
Seamos capaces de sonreírle a alguien en la calle y veremos lo valioso que es sentir una sonrisa en respuesta. No sabemos lo feliz que podemos hacer a una persona obsequiándole una sonrisa.
Les propongo algo: no intentemos ser felices, simplemente, seámoslo. Lo primero que nos aleja de la felicidad, es desearla.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario