
La carta...
Aun la tinta fresca podía olerse sobre aquella carta, la misma que tantos minutos demoró en ser escrita. Nunca ha sido fácil reunir las palabras adecuadas para hacer del dolor de una despedida, un momento menos agresivo y dramático.
La tenue luz de la chimenea encendida hacía que la habitación se llenara de sombras que parecían bailar por las frías paredes. Una copa de vino sobre una pequeña mesa de centro, una botella a medio vaciar y el cuerpo de una bella joven que dormía en un sofá, eran los vestigios de una agradable velada, pero como todas las cosas agradables, debía tener un final.
Ambos consientes de lo que ocurriría, disfrutaron de la mutua compañía. El tiempo sigue adelante pensaron y el pasado, por mucho que lo intente no puede alcanzar al presente.
Un poco sutil - Es momento de decir adiós - intentaba dar inicio a la pequeña carta, seguida de palabras tan intensas como ambiguas como "amigos", "te quiero", "amor", "distancia", "juntos"... Son palabras que en otro contexto pueden ser símbolo de esperanza y alegría, pero en estas circunstancias se asemejan más a una daga clavada en el alma de quien lo lee.
La carta ha sido terminada, un momento para leerla en voz alta, intentando auto convencerse de que es lo mejor. Un último beso en la frente de ella, una caricia y un adiós.
El largo camino que existe entre la mujer que se ama y la puerta que ha de cerrarse tras los pasos que los separan, es algo que ningún hombre quisiera recorrer.
Al cerrarse la puerta, un pequeño movimiento es producido en la habitación. Es ella quién se incorpora, y mirando la carta llora. No es necesario leerla, no es necesario decir nada, la tinta aun está fresca, pero no tanto como la herida que su corazón siente.
La tenue luz de la chimenea encendida hacía que la habitación se llenara de sombras que parecían bailar por las frías paredes. Una copa de vino sobre una pequeña mesa de centro, una botella a medio vaciar y el cuerpo de una bella joven que dormía en un sofá, eran los vestigios de una agradable velada, pero como todas las cosas agradables, debía tener un final.
Ambos consientes de lo que ocurriría, disfrutaron de la mutua compañía. El tiempo sigue adelante pensaron y el pasado, por mucho que lo intente no puede alcanzar al presente.
Un poco sutil - Es momento de decir adiós - intentaba dar inicio a la pequeña carta, seguida de palabras tan intensas como ambiguas como "amigos", "te quiero", "amor", "distancia", "juntos"... Son palabras que en otro contexto pueden ser símbolo de esperanza y alegría, pero en estas circunstancias se asemejan más a una daga clavada en el alma de quien lo lee.
La carta ha sido terminada, un momento para leerla en voz alta, intentando auto convencerse de que es lo mejor. Un último beso en la frente de ella, una caricia y un adiós.
El largo camino que existe entre la mujer que se ama y la puerta que ha de cerrarse tras los pasos que los separan, es algo que ningún hombre quisiera recorrer.
Al cerrarse la puerta, un pequeño movimiento es producido en la habitación. Es ella quién se incorpora, y mirando la carta llora. No es necesario leerla, no es necesario decir nada, la tinta aun está fresca, pero no tanto como la herida que su corazón siente.
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